Cavilaciones en mi azotea.
No se pueden imaginar cuanto me ha entristecido saber que el
Castillo de las Artes ha dado el cerrojazo. Tras un año de trabajo y e ilusión
ante tan hermoso proyecto, la “torre Gorda” cierra sus puertas a la cultura, al
arte y con ello al sentimiento, a la identidad social y a la libertad misma.
Y como siempre pasa en este tiste país nuestro, de
oscurantismo y de catetos consentidos, la cultura se va al garete por culpa de
una banda de políticos mediocres y de intereses partidistas que nunca atienden
a educación, sabiduría, ni nada que no aporte votos.
Como suele ocurrir en esta tierra quemada, las ilusiones y
proyectos que no tienen redito político, no interesan en Ayuntamientos,
Gobiernos Autonómicos y demás instituciones.
Por fin la fortaleza se rinde. Se acabó el asedio. Pero esta
vez no eran las huestes cristianas, sino la desidia e indiferencia de los
políticos.
Qué pena de sueños rotos, de ilusiones perdidas entre piedras
milenarias y yerbajos.
Para una vez, que orgulloso de mi pueblo, enseño a todo el
mundo lo que allí se hacía por el arte y la cultura, resulta que dura menos que
un suspiro, ¿será posible? Con lo bien que le habría venido a nuestro castillo
haber tenido ese fin y utilidad, en vez de morir olvidado hasta por los suyos.
Como siempre los moroneros, siendo malos para nosotros mismos.
Duele que al final sea la política cutre la que gobierne por
encima de la razón y el sentido común, por encima de ilusiones y cultura. Pero
ya se sabe que en política sino estás conmigo, estás contra mí.
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