Estimado Pueblo.
Espero que al recibir la presente estes
sin verdín ,yo bien gracias
Aquí pues esto no pasa ni en Londres,
llevamos cuarenta días y cuarenta noches lloviendo, que ya no sabemos si
vivimos en la Sierra Sur o en la ría de Bilbao. Esto no es invierno, esto es
oposición a diluvio universal con plaza fija.
Los
más beatos, que se sientan siempre en el mismo banco de la iglesia y no fallan
ni a un triduo, han decidió que por si acaso montar una barca en lo alto del
Calvario, Que, desde allí, si sube el agua por la Cruz verde, por la calle
Nueva o por los Caños, al menos que los pille en alto.
Allí andan, entre martillazo y
martillazo, haciendo lista de embarque: dos pavos, cuatro gallinas cluecas,
tres cabras marteñas con más genio que una suegra en feria y algún torillo de
Villau, por si hubiera que repoblar la especie cuando escampe. Que uno no sabe,
pero por si se repite lo de Noé, mejor que nos coja organizaos.
Estamos “ENGUACHISNAOS” palabra recogía
en el Diccionario Oficial de la Real Academia de la tasca del Moral, que viene
a significar que estamos hasta los mismos de chaparrones gordos. Aquí ya no se
seca ni el pensamiento. Tiendes la ropa en la salita y sale con más humedad que
entró.
El verdín ha colonizao zócalos y sardinel
como si estuviera pagando contribución. Verde que te quiero verde, que diría el
poeta si hubiera vivió en la calle Ancha. Las fachás parecen pintás por el
Ayuntamiento sin licitación ni ná. Ya sabemos de dónde sale la bandera,
paisanos: verde de verdín vivito y blanco de cal en remojo perpetuo.
Las botas de agua han salido del soberao
junto a las pellizas, los gamberros y las mantas de Paduana, que llevaban más
años guardaos que el traje de la primera comunión del niño Rosa. Los paraguas
oxidaos, con las varillas descoyuntas, vuelan por los Cerros de la Victoria
cuando arrecia el aire, y bajan las correnteras por la calle Haza.
La gente del campo, lista como el hambre
y quejosa como mastín con sarna, anda dividía: por un lao miran los pozos que
rebosan y dan gracias al cielo, y por otro reniegan diciendo “ya está bien de
agua, señores, que en el campo no hay quien entre y es tiempo de clarear los
olivos”. Que una cosa es regar y otra criar sapos en los surcos.
Febrerillo
este año ha dejao de estar loco pa estar lloroso. Algunos estamos descubriendo
arroyuelos, charcas y lagunillas que no se veían desde que el antepasao de Paco
Tagua anduviera por las Filipinas, cuando aquello era ultramar y no recuerdo
borroso. Hay quien ya les ha puesto nombre, no vaya a ser que el verano los
evapore antes de bautizarlos.
Eso sí, qué gustazo da meterse un potaje
con tos sus avíos cuando fuera cae el agua a manta. Unas berzas como Dios
manda, unas espinacas con garbanzos que te arreglen el cuerpo o un plato hondo
de caldo con su pringá que resucita difuntos. Y un vasito de tinto… o dos… que
si el cielo nos cala por fuera, al menos que el vino nos caliente por dentro.
En los mentideros “léase taberna
retamares, esquina del estanco del matricula y bancos de los palomitos” ya han
bautizao las tormentas que dicen que vienen en abril: ULÍSES, VICTORIA,
WENCESLAO y ZAIRA. Aquí no se queda una nube sin nombre, que somos muy de
ponerle mote hasta al granizo.
Y si alguien ve asomar una paloma con una
rama de olivo en el pico, que avise. Pero que no la espanten, no vaya a ser que
todavía nos queden otros cuarenta días de remojo.
Atentamente;
El niño gilena.