12 febrero 2026

ENGUACHISNAOS

 

 

Estimado Pueblo.

Espero que al recibir la presente estes sin verdín ,yo bien gracias

 

Aquí pues esto no pasa ni en Londres, llevamos cuarenta días y cuarenta noches lloviendo, que ya no sabemos si vivimos en la Sierra Sur o en la ría de Bilbao. Esto no es invierno, esto es oposición a diluvio universal con plaza fija.

 Los más beatos, que se sientan siempre en el mismo banco de la iglesia y no fallan ni a un triduo, han decidió que por si acaso montar una barca en lo alto del Calvario, Que, desde allí, si sube el agua por la Cruz verde, por la calle Nueva o por los Caños, al menos que los pille en alto.

Allí andan, entre martillazo y martillazo, haciendo lista de embarque: dos pavos, cuatro gallinas cluecas, tres cabras marteñas con más genio que una suegra en feria y algún torillo de Villau, por si hubiera que repoblar la especie cuando escampe. Que uno no sabe, pero por si se repite lo de Noé, mejor que nos coja organizaos.

Estamos “ENGUACHISNAOS” palabra recogía en el Diccionario Oficial de la Real Academia de la tasca del Moral, que viene a significar que estamos hasta los mismos de chaparrones gordos. Aquí ya no se seca ni el pensamiento. Tiendes la ropa en la salita y sale con más humedad que entró.

El verdín ha colonizao zócalos y sardinel como si estuviera pagando contribución. Verde que te quiero verde, que diría el poeta si hubiera vivió en la calle Ancha. Las fachás parecen pintás por el Ayuntamiento sin licitación ni ná. Ya sabemos de dónde sale la bandera, paisanos: verde de verdín vivito y blanco de cal en remojo perpetuo.

Las botas de agua han salido del soberao junto a las pellizas, los gamberros y las mantas de Paduana, que llevaban más años guardaos que el traje de la primera comunión del niño Rosa. Los paraguas oxidaos, con las varillas descoyuntas, vuelan por los Cerros de la Victoria cuando arrecia el aire, y bajan las correnteras por la calle Haza.

La gente del campo, lista como el hambre y quejosa como mastín con sarna, anda dividía: por un lao miran los pozos que rebosan y dan gracias al cielo, y por otro reniegan diciendo “ya está bien de agua, señores, que en el campo no hay quien entre y es tiempo de clarear los olivos”. Que una cosa es regar y otra criar sapos en los surcos.

 Febrerillo este año ha dejao de estar loco pa estar lloroso. Algunos estamos descubriendo arroyuelos, charcas y lagunillas que no se veían desde que el antepasao de Paco Tagua anduviera por las Filipinas, cuando aquello era ultramar y no recuerdo borroso. Hay quien ya les ha puesto nombre, no vaya a ser que el verano los evapore antes de bautizarlos.

Eso sí, qué gustazo da meterse un potaje con tos sus avíos cuando fuera cae el agua a manta. Unas berzas como Dios manda, unas espinacas con garbanzos que te arreglen el cuerpo o un plato hondo de caldo con su pringá que resucita difuntos. Y un vasito de tinto… o dos… que si el cielo nos cala por fuera, al menos que el vino nos caliente por dentro.

En los mentideros “léase taberna retamares, esquina del estanco del matricula y bancos de los palomitos” ya han bautizao las tormentas que dicen que vienen en abril: ULÍSES, VICTORIA, WENCESLAO y ZAIRA. Aquí no se queda una nube sin nombre, que somos muy de ponerle mote hasta al granizo.

Y si alguien ve asomar una paloma con una rama de olivo en el pico, que avise. Pero que no la espanten, no vaya a ser que todavía nos queden otros cuarenta días de remojo.

 

Atentamente;

El niño gilena.


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