25 marzo 2021

PAPEL,TABACO Y MECHERO

 

 

Estimado Pueblo:

 

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

 

Andaba yo sentado en un banquito que me he fabricado de manera más o menos chapucera (ya sabemos que yo de bricolaje lo justo…pa enroscá una bombilla), cuando el solecito de primavera, el humo del cigarrillo y el olor del campo en flor, produjo en mis escurrías carnes un repeluco de gustillo, de esos que sentía uno en esos tiempos de aquellos locos ochenta, donde, con papel, tabaco, mechero y alguna que otra bellotita de añaduría (como diría Cervantes), se te quedaba una sonrisa de medio lao y una relajación pastosa y gustosa que, asistida con la compañía de….bueno… ya sabemos quiénes, hacían del más mínimo chiste la burla más absurda o la mueca más tonta, un coro de risas de la de llanto correoso que acababa con alguno tosiendo y diciendo “para, que lo echo to”.

Echando la vista atrás, recuerdo que toda esta parafernalia tenía su protocolo. Me explico:

 

Primero, había que tener mechero de los “reonditos”, de esos que le sacas el chisquero para “apetacá” la mezcla. Por supuesto, tabaco rubio, Boyere ¡qué papel! no podía faltar.

Lo esencial, una pasta entre marrón y amarilla que los más puestos sabían clasificar entre polen, aceitito, “esta es buena”, o “eso no vale ná”. La boquilla se sacaba normalmente de la solapera de la cajetilla de tabaco.

Total, que el aliño empezaba quemando la susodicha pelotilla o, más bien, calentándola hasta que se pudiese amasar como una barrita de “plastiquina” y se mezclaba con los hilillos de tabaco que se habían desmontao del fortuna.

Una vez puesto en el papelito, con su boquilla y su lametazo lengüetero de cierre, empezaban las leyes de Tagua, que son las siguientes:

 

1º El que lo hace lo enciende

2º Dejarle alguna pelotita sin desgranar pa que picara un poquito

3º No calentarlo

4º Ir preguntando cuando esta por la mitad ¿HAGO OTRO?

 

Total, que una vez saciada el ansia fumadera, empezaban las chanzas, las galgas correderas, las andanzas de TAO-TAO, la “crin de edado”, o el “a mí no me pega ni mi padre”, lo que hacía el deleite de la concurrencia.

Pero con lo que me quedo es con la sensación de amistad, de alegría y hermanamiento de la concurrencia.

 

En fin, por si algún día María, Daia, Oier, Diego, Irene o Alonso leyeran esta humilde charlotada de historias de juventud, comentarles que sí, que a algunos de sus padres les gustaban los porritos como a los chivos la leche.

 

Atentamente;

 

El niño Gilena.

23 marzo 2021

LOS INVITADOS

 

Estimado Pueblo:

 

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

 

Andaba yo en charla con mi madre este pasado domingo, tratando temas banales, cuando una frase de mi progenitora hizo despertar recuerdos de un pasado ya lejano. Y es que ese “Jesusito…qué sola estoy” trajo a mi memoria aquellos tiempos donde mi casa era un trasiego de invitados que, por una u otra razón, daban charla, compaña o molestia las menos veces, en aquellos días del cuplé. Me explico:

En una semana normal era corriente que diariamente el lechero pasara largo adentro a dejar los dos litros y medio que nos trágabamos a diario. Por otra parte, el panadero no podía faltar a su cita diaria de dos bollos, una media boba y un paquete de rosquitos para mi abuela. No tan de diario pero sí una vez por semana, “la Recio” con su seiscientos último modelo aparcaba de aquella manera, medio en la acera medio en la calle, y entraba bramando el nombre de mi abuela para ponerle la inyección de yo no sé qué. Algún día al llegar del colegio también me encontraba algún vendedor de libros, tomándose una cervecita que mi madre le había puesto, mientras largaba las bondades de la enciclopedia que quería endiñarnos, sin saber que lo que verdaderamente importaba a mi madre era si quedaba bonita en el mueble bar. Los viernes era para la del AVON, que anteriormente había dejado una revistilla llena de pinturuchas y potingues y ahora explicaba a mi madre lo guapa que estaría pintándose un lunar con este lápiz o dándose coloretes de esta u otra manera. Cada dos semanas un “pobre”, como decía mi abuela, recorría casa sí casa también, pidiendo la voluntad para los seis chiquillos que tenía de una señora de La Puebla de Cazalla. Los jueves, Antoñita “la menuita” traía la capillita salesiana de María Auxiliadora, la cual permanecía en mi casa dos o tres días entre velitas y palmatorias. Si llovía no faltaba alguna vecina que viniese a hacer leche frita, poleá o pestiños, mientras departía con mi madre las buenas nuevas de la calle. Los sábados por la tarde una monja de Las Filipensas, de nombre Salud y más seria que “el Viti” venía a echar un ratito con mi abuela Pepa y a meterse dos rosarios como Dios manda entre pecho y espalda. Los domingos por la mañana mi abuelo, Manuel Vázquez, cumplía con su tempranera visita a sabiendas que mi madre le regalaría copilla y media en el mismo vaso de Castellana dulce. Raro era el día que mi madre no era acompañada a la hora de la radionovela Lucecita con cualquiera de sus compañeras de calle, mientras traillaban entre agujas de punto o croché.

 

En fin, que ahora haciendo memoria entiendo a mi madre en eso de “Jesusito, estoy tan sola…”

 

Atentamente,

 

El niño gilena.

 

02 marzo 2021

CON LOS OJOS DE UNA CHIQUILLA

        


     Estimado Pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

Dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, te lo asegura alguien que le gusta más el PESQUERA que a los chivos la leche.

 

             Atentamente;

                       IRENE SOLANO DIAZ

17 febrero 2021

EL MOLLATOSO

 

Estimado Pueblo:

 

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

 

Este fin de semana cuando me levanté, a las claritas del día, con la intención de coger una buena mano de espárragos con la que deleitar a mi querida señora, tuve a bien pararme a desayunar en el bar el Moral, enclavado en un antiguo descansadero y abrevadero de bestias, en los pagos de la verea de La Puebla y que hoy sigue dando cobijo y líquidos elementos a otras bestias de andares a dos patas.

Pues eso, que mientras daba cuenta de mi medio bollo con aceite y ajo, observaba cómo lo más granao de la concurrencia exprimía copillas de aguardiente en todas sus variedades, mezclados de sol y sombra, y algún valiente de los de antes se despeñaba al coleto copazos de 103.

Andaba en estos mirares cuando empecé a recordar a aquellos amantes del mollate que, en mi juventud veía pasar por delante de mi casa puerta, con paso trastabillante, cantando por lo bajini y sonrisa de medio lao, que ya se encargaría de cambiársela la parienta.

Y es que mi casa estaba a medio camino de dos catedrales de “mollatosos”. como eran la taberna el “Tropezón”, y el bar “Er borrico”. Y, para los que no querían pasar sed en tan larga caminata, hacía de punto central el despacho “La verdad”, con su afamado anís del Coral, provocando el trasiego de paisanos alegres, cruzando la calle de costero a costero, apoyándose en los cierros, meados hasta el pernil algunos, y dormidos en el sardiné otros, haciendo las delicias de la chiquillada de la calle.

Pero no te creas que esto sólo ocurría en esta calle tan singular, no, por toda la vecindad florecían este tipo de abrevaderos en aquellos tiempos, en los que las charlas eran cara a cara, entre chatos de manzanilla, cortaos de Vallejo y tintos de dudosa procedencia. Así, nos encontrábamos, para que los parroquianos pudiesen andar de un sitio a otro y no pasasen necesidad, Retamares en La Carrera, la bodega los González en el Pozo Nuevo, “pelo mono” en La Calzadilla, Casa Pepe en “Sarmigué”, “Currito” en El Barrio, “El Stop” en La Alameda, “La Goleta” por Correos y montones de lugares más que hacían para el “mollatoso” un pueblo donde la alegría se bebía al son de un toque por bulerías y un cante al compás de golpes en un mostrador de madera, mientras el mollate iba tiznando de rojo las venillas de la nariz.

 

Atentamente,

 

El niño gilena.

 

 

05 enero 2021

NOCHE DE REYES

 

Estimado pueblo:

 

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

 

Mágica noche la que nos espera, todavía se me hormíguea el estomago al recordar aquellos lejanos días donde, de la mano de mi padre y bajo la vigilancia de mi madre, nos disponíamos a buscar un sitito tranquilo donde nos regaran, con la lluvia dulce de caramelos y golosinas y con la ilusión puesta en que mi padre tuviese la suerte u osadía de pegarle un garbañón a una pelota de plástico rojo que, mas que para juegos de balompié, sirviera para pavonearme en la calle Espíritu Santo delante de mis amigos, cosa esta que nunca ocurrió.

Una a una, la maestría de los Fortes iba desfilando delante nuestra, en espera que sus majestades de Oriente, con sus pajes y ayudantes trabajando a destajo, colmaran las ansias de chuchangas del populacho.

“¡YA VIENE EL NEGRO!, ¡YA VIENE EL NEGRO!”, gritan los mayores que me tapan la visión. Mi madre me protege de algún misil azucarado que me haga visitar la casa de socorro.

Entre gritos de “¡AQUÍ, AQUÍ!”, balones, caramelos, palotes, y algún paquete de patatas “La Perdiz”, sobrevuelan mi cabeza. Entre las carrozas, una muchedumbre de chiquillos barredores dejan limpio de polvo y paja el empedradro de adoquín.

Después de la marabunta y nervioso como un flan, retornábamos pisando sobre crujientes sobras de caramelo, mientras me preguntaba donde se había metido mi padre.

Al acercarme al numero 22, salía corriendo como una centella a ponerme de puntillas y tocar el aldabón de la puerta. Mi abuela Pepa me recibía con una sonrisa y un beso en la frente. A los pies de un ropero de dos lunas, ya que en mi casa no tuvimos más árbol de Navidad que un trozo de níspero que asomaba por la pared medianera, se encontraba sin envolver un Geiperman de barbitas, vestido de explorador con su salacot y su rifle de cacería, al lado una caja de Airgamboys medievales de los que venían con armadura, caballito y lanza al ristre. Junto a este, un libro, mi primer libro, “DE LA TIERRA A LA LUNA”, de don Julio Verne, con la leyenda en la primera página, con letra de redondilla donde decía: Este libro pertenece a Manuel Jesús Vázquez Reina.

No sabía dónde acudir, todos sonreían al ver mi alegría, mi padre me ayudó a colocar el Geyperman, mientras mi madre iba friendo un par de huevos fritos con cebolla. Entonces tampoco teníamos roscón. Mi abuela empezaba a leerme aquella maravillosa aventura que hoy todavía conservo.

Lástima que aquella ilusión se escape junto con ese paraíso que es la niñez. Hoy, aquel cosquilleo me ha vuelto cuando María, mi hija, me ha cogido de la mano y me ha preguntado¨:

Papá, ¿esta noche llegan los reyes magos?

 

Feliz día de Reyes a todos, os pido que durante un rato seáis aquel niño de hace mucho, mucho tiempo.

 

Atentamente;

 

En niño Gilena

24 diciembre 2020

FELIZ SOL INVICTUS

 

 Estimado Pueblo:

 

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

 

Queridos amigos, os conmino en el día de hoy y sobre todo en la noche, cuando todos estén presentes, cerrad los ojos y recuperar aquellos momentos de antaño cuando en vez de mirar de arriba a abajo lo hacíamos de abajo a arriba, ¿os situáis?.

Si allí estaba el abuelo con la dentadura a medio poner, la abuela en la cocina ayudando a mama y a las titas, papa y los tíos comentando la copa del rey que ha ganado el Betis el verano pasado. Los primos ríen y corretean alrededor de la vieja mecedora, los olores de cisco picón con tropezones de alhucema se mezclan con los del pavo y el dulce aroma de ajonjolí de alguna copa perdida de castellana que alguno se ha echado al coleto. En la tele suena la voz atronadora de Rafaela Carra contándonos las excelencias de venir al sur, mientras los hermanos Calatrava esperan entre bambalinas para sacarnos unas risas con sus muecas y trabalenguas, El abuelo riñe sin muchas ganas para que no volquemos la sidra del gaitero, la abuela nos invita a sentarnos ante unas viandas echas con mas cariño que dineros y que nos sabían a gloria bendita y uno tras otro se iban perdiendo los trozos de queso manchego, el poco jamón los rifados langostinos y por supuesto el mimado pavo en salsa que dará paso al melocotón en almíbar la piña en su jugo y los polvorones y peladillas.

Alguien se atreve a entonar -Pero miran como beben los peces………, Mientras una botella de castellana hace de improvisado instrumento acompañado por un pandero que ha salido de no sabemos dónde, risas, más risas, charlas de familia, besitos y un “tate quietecito de tu abuela” en aquellas noches donde todavía no estaba invitado ni santa Claus ni Papa Noel a ninguna de nuestras casas, con lo que dormíamos mas tranquilos y a pierna suelta.

ABRE LOS OJOS.

Mira hacia abajo, mira alrededor, fabrícales a ellos esos recuerdos que los demás hicieron para nosotros.

Alza tu copa y como siempre y brinda conmigo “POR LOS QUE ESTAMOS, POR LOS QUE ESTUVIERON Y POR LOS QUE VENDRAN”

 

Feliz,SOL INVICTO.

 

Atentamente;

 

El niño Gilena.

 

16 febrero 2019

DIAS DE INSTITUTO


Estimado Pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

Andaba en el día de hoy echando de menos mis 15 años, cuando no me dolía nada, tenía todos mis dientes y merendaba cuatro veces sin tener ardores, recordando aquellos días del pasado siglo en los que realicé, como otros muchos, el valiente rito de tránsito de pasar del colegio al Instituto, con lo que a mi parecer dejaba atrás aquellos años de niñez de pelota y trompo para cambiarlos por mañanas de cantina y tardes de Cuatro Caminos.

Ahí se encontraba el “menda” con catorce años recién estrenados y un montón de compañeros nuevos de todos los confines del mundo, pues desde Montellano a Coripe pasando por El Coronil y La Puebla, cualquier criatura que deseara pasar del más cerril estado al alumbramiento que permitiese ir a la Universidad, tendría que dar con sus huesos en ese enorme bloque de pisos sin pisos asentado en el corazón de La Alameda.

Allí empecé entre otras asignaturas sapientísimas como el latín, las matemáticas o el lenguaje a aprender el noble arte de hacer bolillos y frecuentar bares y tabernas para practicar ese otro noble conocimiento del juego de maquinitas recreativas y acompañado con mi amigo Paco u otras veces solito como la una, allí que se iba el tío a hacerse olímpico en este noble arte.
De aquellos tiempos de ratos en la cantina, cigarros en la escalera y 7 cates en la mochila, lo mejor que me encontré fueron unos buenos amigos que conservo hasta hoy. De lo demás no aprendí mucho, más bien poco o…¡coño! seamos sinceros, nada de nada, de lo cual me arrepiento por lo que me pido perdón y como yo soy de perdonar, en paz me quedo.

Atrás quedaron esos años de trabajos de biblioteca sin otro Google al que preguntarle que la Espasa Calpe de dónde venía esto o dónde estaba aquello, tiempos de apuntes ininteligibles, de descansos de 10 minutos entre clase y clase en que echar un vistacillo a las nuevas incorporaciones femeninas con carpetas llenitas de fotos de los Model Tolking o de un Miguel Bosé jovencito y de buen ver.

En ese tiempo tuve mas profesores que maestros, pues de ellos no recuerdo ni el nombre.

Lo único que me quedó grabado a fuego, fueron los títulos de los nuevos juegos que traían en los salones recreativos, donde pasaba el mayor tiempo de mis clases de física, ética o latín.

En fin, buenos tiempos, aunque mal aprovechados, que dirían algunos, aunque como ya te dije antes, obtuve un cum lauden en amistad de esas que perduran hasta el día de tu entierro.

Atentamente;

El niño gilena