19 enero 2012

LO QUE EL PELO SE LLEVO

Estimado pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, gracias a Dios.

Si hay algo que echo de menos al no tener pelo no es poder lucir patillas cortijeras o ricitos flamencos, no, son las charlas de barbería o, por lo menos, aquellas charlas de barbería antigua de mi niñez. Me explico:

Por aquellos entonces si existía un lugar donde el niño, el mayor y el viejo coexistieran y compartieran lugar, fondo y forma, esa era la barbería, pues pocos osaban llamarla peluquería, ya que sonaba más femenino o amariconao, como se decía antes. Bien, pues allí, como te digo, aparte de que te esquilaran a la forma que el barbero decidía o sabía, se reunía sin requerimiento ni necesidad de corte lo más granao en sapiencia y desocupación de la barriada y entre un fondillo musical de copla o el interminable discurso de radio reloj, se discernían los temas más sutiles y enrevesados o se ponían pleitos y querellas a este o aquel, sin más llevar ni traer que el pasar del tiempo. Qué echo de menos aquellas disertaciones entre la calidad del cante de Mairena, la pronosticación del tiempo dependiendo de que pierna le doliera a tal o cual paisano, o la descripción con más detalles que peros de las curvas de alguna moza o casada que en cruzándose por la puerta realizaba un punto y aparte en cualquier conversación que se tuviera a bien.

Lo que no se es cómo se han ido perdiendo estas charlas de compaña esquiladora, con lo que se aprendía en aquellos mentideros o, si no, dónde piensan las madres dónde vimos nuestra primera teta, pues en las páginas del Interviu, que estaba entre el ABC y la hoja del lunes.

En fin, lo dicho, si yo tuviera pelo y quedasen barberías, qué bonito sería el mundo...

Atentamente;

El Niño Gilena

08 enero 2012

De en Casa Paca

Hay un rincón en Morón, que desde que lo conocí me quedé prendado y aunque supe de él no hace mucho, cada vez que vuelva por mi pueblo, pienso acercarme por allí, no sólo por el encanto del lugar, si no también para saludar a quién regenta tan sublime sitio, el Sr. Ulecia, antiguo amigo y compañero de escuela.
Me encontré con él hace un tiempo en una escapada que hice a Morón en tiempo de carnaval. No lo había visto desde hacía años y aunque al principio no estaba seguro de si era él o quizás uno de sus hermanos, en cuanto me saludó salí de dudas y os aseguro que el corazón me dio un vuelco, pues de repente me invadieron las imágenes de la niñez, de los tiempos de escuela en el Primo de Rivera. Fue entonces cuando me habló de su bar y prometí hacerle una visita.
Tras el encuentro, un par de veces lo visité cuando mis viajes a Morón me lo permitían y ya desde entonces empezó a llamarme la atención y entre charla y charla miraba yo de reojo todo lo que el local jalona. Pero cuando más gusto le cogí, fue en mi última visita, allá por el mes de septiembre, cuando tras dar un largo paseo por el pueblo con mi amigo el niño Gilena, fuimos a dar allí para aplacar la sed que el Sol del verano había despertado en nosotros.
Tan digno bar se encuentra allí donde la calle Diego Bermúdez termina su amarga cuesta para descansar en la planitud de San Francisco, mirando de soslayo al Hospital y la casa de la Virgen de Loreto.
El local no es grande, aunque no da sensación de estrechez, si no todo lo contrario, pues es luminoso y por las veces que estuve se me antojó cálido cuando el frío arrecia y fresco cuando Lorenzo castiga.
He de reseñar, lo mucho que me atrajo su decoración, muy de mi gusto, con fotos antiguas de Morón donde se muestran cosas y quehaceres de nuestro pueblo, así como con objetos que en otro tiempo fueron el acompañante habitual del vivir de cada día de las gentes que los poseyeron.
Gusto da pasearse por sus paredes y mirar bien de cerca aquellas ventanas al pasado, que nos cuentan curiosidades de otro tiempo y de un mismo lugar, nuestro pueblo. Bueno es, que al tiempo que la vista va de hito en hito buscando curiosidades, regalarse con una formidable “tostá” y un “cafelito” o refrescar la añoranza de lo no vivido con rubia fría.
Me pareció Casa Paca lugar acogedor y apto para buena charla y tertulia de amigos, de lectura solitaria y sosegada de diarios y libros o simplemente, sitio donde navegar por los recovecos del pensamiento sin poner rumbo fijo.

Si tienes suerte y el bueno de mi amigo Ulecia anda aliviado de trasiego, entabla conversación con él, pues es hombre, aunque joven, sabio y de afable charla, amigable y acogedora, como la barra que gobierna.

06 enero 2012

PATRIMONIO DE LA SUCIEDAD

Estimado pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, gracias a Dios.

Esta mañana tempranera de Reyes, estando en la hora en la que casi con seguridad sus majestades todavía no habrían terminado su bondadoso trabajo, andábame yo con mi sombra dando un paseo vespertino por la aorta de la villa cuando, no yendo más allá de los escaparates de "los Antoñitos", dime cuenta que, aunque de la misma guisa que siempre, iba yo más lastrado de la cuenta. Reparé entonces, mirando hacia las bajeras, que toda suerte de mierdeces se habían adherido a mis zapatos, dándole a mi caminar más aire de buzo malagueño que de caminante aburrido. Comencé a quitarme los susodillos escombrajos entre los que se hallaban treintaiseis caramelos, medio paquete de pipas, tres chapas de coca-cola y un Bisonte a medio fumar.

Aliviado de la guarrísima carga y marcando la verea por la cuesta "la luz" por evitar tremendo río de mierda, púseme a discurrir lo que en tertulia de taberna comentome un amigo para mejora y señal de este tu pueblo. Y es que discurrió esa buena cabeza el colocar en las entradas a esta noble villa cartelitos señaleros donde alegara el patrimonio humanístico de ser ciudad de la cal y el cante, cosa esta muy alabada y digna de elogio. Más se me vino también en esos pensamientos colocar en dicho cartel, aunque sea en segunda fila, lo de "CIUDAD PATRIMONIO DE LA SUCIEDAD" y no solo por la anécdota de este día, no, solo hace falta darse un garbeillo por calles, plazas y callejones para ver que harían las delicias de cien piaras de cochinos, o ver la dejadez de nuestros más parques que jardines para vislumbrar la pobreza en limpieza y ornamentos o, mejor aun, démonos un paseo por ese Morón señalado como ruta monumental para ver las escombreras del castillo, la peste a orines de las Siete Revueltas, las papeleras inexistentes junto a San Miguel o las ruinas de la cilla de Los Canónigos.

Si pasamos por veredas y cordeles no faltará para alegrar la vista algún frigorífico en desuso o una lavadora desvencijada, todo ello rodeado de infinidad de puchileras a medio construir con menos papeles que el boquete de una bicha.

¿Qué ha quedado de esos tiempos en los que se barrían y baldeaban las calles mientras las vecinas comentaban cuál sería el guiso con el que se almorzaría su prole?.

Por todo ello, propongo que Morón sea honrado con el derecho a ser "Ciudad Patrimonio de la Suciedad".

Atentamente;

El Niño Gilena

25 diciembre 2011

De las Navidades pasadas, presentes y futuras.

Llegado estas fechas, parece de obligado cumplimiento tratar el tema de la Navidad. No me molesta, no me interpretéis mal, todo lo contrario, desde pequeño siempre me gustaron estas fechas y aún hoy siguen siendo para mi de lo más entrañables. Pero seguro que el año pasado ya le dedicamos algunas lineas.

Yo siempre he tenido buenas Navidades, incluso cuando no lo fueron.
De pequeño, todo era bueno en Navidad. Las vaciones en el colegio, soñar con los regalos de los Reyes, la cena de Nochebuena con toda la familia junta.
Algo que recuerdo con mucho cariño, era cuando mi padre traía del campo una rama de pino, que tras ser colocada en un biombo de detergente forrado de papel de albal, era debidamente adornado con bolas de colores, figuritas y cintas brillantes, de lo cual se encargaban mis hermanas. Toda la casa se impregnaba del aroma de la resina del pino y aún hoy, cuando percibo ese olor, evoco aquellas Navidades de la infancia, de turrones y polvores de limón, de garrapiñadas y "mohoncitos de perro". De las cenas de Navidad, preparadas por mi madre durante todo un día cocinando, mi padre alegre cantando villancicos entre copita y copita. Con mis hermanas mayores esperando que sonara el teléfono o que llegara la hora de salir con sus novios, aunque mi madre siempre decía enfadada que no era noche de salir y habiá que poner la mesa, mientras de fondo, sonaba el tocadiscos, que giraba con musica de Navidad o boleros de Machín.
Recuerdo que de pequeño, en las noches de la Navidad, me gustaba asomarme a la ventana y mirar el cielo estrellado, esperando ver la estrella que se dirigía a Belén. Nunca la vi y con el tiempo dejé de asomarme a la ventana buscando aquella estrella.
Luego nos fuimos haciendo mayores y ya las navidades fueron cambiando. A mi madre cada vez le apetecía menos hacer grandes cenas, mi padre ya no cantaba villancicos, se iba pronto a la cama y aquel tocadiscos se hizo viejo y dejó de girar. Mis hermanas ya tenían sus propias familias y sus propias cenas y yo, yo dejé de estar en casa por Navidad.
Ahora yo también tengo mi familia y son otras caras las que veo en Nochebuena, mi mujer y mi hija. De nuevo me reuno en Navidad con gente que quiero y aunque estoy a mil kilometros de mi familia, siempre los tengo muy presentes dentro de mí.

Ojalá el futuro me traiga felices Navidades, ya sea en el norte o en el sur, pero que siempre esté con mi mujer, mi hija y la gente que quiero. Ojalá vuelva a mirar por la ventana, buscando estrellas, aunque la mía ya la he encontrado.

17 diciembre 2011

¿NAVIDAD?

Estimado Pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, gracias a Dios.

No te vas a creer lo que me ha pasado, y es que en yendo ayer tarde por el Pozo Nuevo, distraído como siempre, me di cuenta que en la puerta de Tejidos Montellano se hayaban desconsolodas dos poinsentias coloradas, vulgarmente llamadas "flor de la Pascua", en el chino de enfrente una imitación ordinaria y plastificada de abeto escandinavo y, para colmo de las pistas, "el Canario" con una botella de anís del Mono y un gorrito colorao, con lo que atando cabos...joé, que estamos en Navidad.

Y es que, claro, acostumbrado uno a alumbrados de estrellas de oriente, villancicos aflamencaos y belenes por doquier que pusieran a uno en solfa, no he caído en que como ya se contaba en los mentideros, el consistorio no iba este año a hacer espavientos de aviso de tan señalatis fiestas, pues según los más puestos en noticias, cuentos y comadreos, por mucho que Juan Manuel ha rebuscado en las alcancías del ayuntamiento, los fondos de éstas no dan ni para adquirir guirnaldas del todo a cien, ni mucho menos colocar iluminación en calles, barrios o plazas, bajo amenaza de Sevillana de dejar el pueblo como en el año 14. Pero sí que podría haber puesto un radio cassette, por lo menos, en la puerta de la casa consistorial, con el "beben y beben...", si ya sabemos que estamos exentos de esgae hasta nueva orden.

Pero bueno, supongo que uniéndose a estas medidas de ahorro, muchos de los comerciantes se han solidarizado con la alcaldía y han dejado sus escaparates como la semana después de la feria, porque, total, para lo que se va a vender...Fíjate cómo está la cosa que me ha contado Juanito, "el matrícula" que la mayoría de las comidas de empresa se están dando en la taberna Retamares (cervecita, chochos, aceitunas y "arbellanas", 4 euros todo incluido). Como que se están pensando en poner al Canario chico de Rey Mago, para que en vez de tirar caramelos vaya pidiendo cigarritos. Si estará la cosa mala que hasta las cajas de mantecados traen un 87% más de polvorones de limón y coco, para que después digan. Y mira, si no hay ni niños vendiendo lotería pa fin de curso, claro, como el viaje de este año va a ser a Isla Mágica tampoco hace falta.

En fin, te dejo que voy a ir al Lidl a ver cómo están los palitos de mar para la mariscada de Noche Buena.

PD: Con todo mi cariño, ¡Feliz Navidad!


Atentamente;

El Niño Gilena

02 diciembre 2011

DIAS DE AGUA

Estimado Pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, gracias a Dios.

Hoy, sentado en el cierro, con la sola contemplación del caer monótono de la lluvia, y con la mirada perdida en la desierta calle, mi memoria se ha fugado, sin mandárselo, a aquellos lejanos días de agua otoñal de mi niñez. Ante el efecto ignótico del tamborileo acuoso en los cristales, he vuelto a escuchar aquella vieja radio de seriales y concursos mientras un olorcillo de cisco y alhucema invadía mis sentidos. Vuelvo a ver a mi madre traerme una batata cocida con azúcar por tapadera mientras yo me afano, sin conseguirlo, en rubricar aquellas pomposas letras de las libretas de caligrafía. A mi vera, mi abuela rezaba la letanía incansable de dos al derecho y uno al revés mientras cruzaba las agujas de croché al ritmo de un reloj de cuco. La gata romana roncaba plácidamente en su cojín de punto. Desde la cocina, un olorcillo a leche frita y rosquitos de nata hacían presagiar la más dulce de las meriendas. He vuelto a ver aquel calentador con su hule repleto de baqueritos, tío vivos y pulgarcitos mientras, ataviado del gamberro heredado y las irrompibles botas de agua que hacían las delicias de los pisadores de charco, esperaba con ansia un descanso del cielo para hacer surcar barquitos de papel por los riachuelos callejeros.
Ante mis recuerdos, se ha plantado aquella calle Nueva emborronada por las humaredas del castañero de Correos, mientras chicos y mayores esperaban con paciencia que remitiera el aguacero, refugiados ante cualquier dintel.
El sonido de un trueno hace que salga de mi ensoñación y vuelvo a la realidad, la lluvia sigue cayendo pero ya no huele a alhucema, ya no escucho la radio, ya no está mi abuela, el día me parece más oscuro y la calle más solitaria.

Atentamente

El niño Gilena

21 noviembre 2011

EL DIA "DISPUES"

Estimado Pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, gracias a Dios.

No, hoy no es un día cualquiera, es el día "dispués", sí, el día "dispués" de que cada paisano haya depositado su papeleta de sitio y en el recuento pertinente haya salido otra vez la derecha por aclamación popular. Así que nada más levantarme y, antes de lavarme la cara, lo primero que he ido haciendo es buscar todos los cinturones y correas de la casa para que el zapatero del langostillo me haga media docena de "buquetitos", como diría mi "agüelo", ya se sabe que hombre prevenido vale por dos, con que por apretar no quedará.
Así que de esta guisa he emprendido mi quehacer diario, mirando celosamente que todos los teléfonos, faxes y correos de distinta índole estuvieran conectados y en perfecto estado de orden y revista, pues es de todos sabido que antes de que acabe el día no espero menos de una docenita de trabajos bien remunerados. Ahora que lo pienso, el que lo tiene chungo es mi amigo Carlitos porque ahora sí que lo llaman fijo pa trabajar, bueno, pues que se joda que no le hubiera votado al PP.
A la que se le ha cambiado la cara es a la pobre de mi suegra, Dios la guarde mucho tiempo entre nosotros (bueno, tampoco hay que pasarse). Pues eso, traía la cara como una jivia después de no sé qué vecina asesorá por afición de politiqueos y demás trapicheos le dijera que las pagas no contributivas no las van a dejar ni en el diccionario de la RAE, ojú chiquillo, que se le ha subio hasta el azúcar.
Pero por el que más lo siento es por mi padre, hombre de ideas fijas, de los que dicen que en su casa o se es bético y de izquierdas o te quita del libro de familia. Ayer a las siete y cuarenta y cinco ya estaba acostao y sin merendá si quiera.
Por cierto, no me voy a entretener mucho que quiero aprovechar para ir al médico antes de que sea de pago.

RING....RING...
Coño! el teléfono, ya te lo dije, de ésta no me escapo, a trabajar se ha dicho.

PD Juanma, tú no te "inrites", que con menos empezó Pelayo.

Atentamente,

El niño Gilena