16 febrero 2019

DIAS DE INSTITUTO


Estimado Pueblo:

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

Andaba en el día de hoy echando de menos mis 15 años, cuando no me dolía nada, tenía todos mis dientes y merendaba cuatro veces sin tener ardores, recordando aquellos días del pasado siglo en los que realicé, como otros muchos, el valiente rito de tránsito de pasar del colegio al Instituto, con lo que a mi parecer dejaba atrás aquellos años de niñez de pelota y trompo para cambiarlos por mañanas de cantina y tardes de Cuatro Caminos.

Ahí se encontraba el “menda” con catorce años recién estrenados y un montón de compañeros nuevos de todos los confines del mundo, pues desde Montellano a Coripe pasando por El Coronil y La Puebla, cualquier criatura que deseara pasar del más cerril estado al alumbramiento que permitiese ir a la Universidad, tendría que dar con sus huesos en ese enorme bloque de pisos sin pisos asentado en el corazón de La Alameda.

Allí empecé entre otras asignaturas sapientísimas como el latín, las matemáticas o el lenguaje a aprender el noble arte de hacer bolillos y frecuentar bares y tabernas para practicar ese otro noble conocimiento del juego de maquinitas recreativas y acompañado con mi amigo Paco u otras veces solito como la una, allí que se iba el tío a hacerse olímpico en este noble arte.
De aquellos tiempos de ratos en la cantina, cigarros en la escalera y 7 cates en la mochila, lo mejor que me encontré fueron unos buenos amigos que conservo hasta hoy. De lo demás no aprendí mucho, más bien poco o…¡coño! seamos sinceros, nada de nada, de lo cual me arrepiento por lo que me pido perdón y como yo soy de perdonar, en paz me quedo.

Atrás quedaron esos años de trabajos de biblioteca sin otro Google al que preguntarle que la Espasa Calpe de dónde venía esto o dónde estaba aquello, tiempos de apuntes ininteligibles, de descansos de 10 minutos entre clase y clase en que echar un vistacillo a las nuevas incorporaciones femeninas con carpetas llenitas de fotos de los Model Tolking o de un Miguel Bosé jovencito y de buen ver.

En ese tiempo tuve mas profesores que maestros, pues de ellos no recuerdo ni el nombre.

Lo único que me quedó grabado a fuego, fueron los títulos de los nuevos juegos que traían en los salones recreativos, donde pasaba el mayor tiempo de mis clases de física, ética o latín.

En fin, buenos tiempos, aunque mal aprovechados, que dirían algunos, aunque como ya te dije antes, obtuve un cum lauden en amistad de esas que perduran hasta el día de tu entierro.

Atentamente;

El niño gilena