11 mayo 2021

EL TIO DEL TIEMPO

 

Estimado Pueblo:

 

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

 

Andaba yo echando un cigarrito, mirando las pocas nubes primaverales que transitan por los pagos de La Mata Alcozarina, cuando se me vino a la memoria la imagen de un conocido que, teniendo la costumbre de alejar la vista al cielo siempre que se tomaba un descanso en su quehacer campestre, escrutaba la forma de alarge color y textura de las nubes, si las había, y después de algunas veces cagarse “entó la más bonito” y otras, de rascarse la frente con la gorra en la mano, vaticinaba si la secana se prolongaría o la tormenta se aproximaba y te caería en la textud antes de que se prexinase un cura loco. Tenía este que te miento también la virtud de oler el aire, discerniendo del tufillo la prontitud de las aguas que vendrían por caer, y ya ni te cuento cuando, sin comerlo ni beberlo, escuchabas: “este aire es de agua jezucillo” y, aunque parezca un cuento chino, las mas de las veces te mojabas seguro.

Que ni decir tiene cuando esas hormigas aladas que por aquí llamamos “alúas” y que de buen cebo hacían para costillas de pajarito, aparecían dando vueltas y revueltas entre terronales, un “Ofuuuu”, se escapaba de su boca mientras sostenía un celta emboquillao entre los labios, “tormenta, tormentita pa esta tarde”, y “er joio” acertaba la mas de las veces.

Lo más curioso que le vi pronosticar era que entre los finales de abriles y los principios de mayo, cuando andábamos dando una vuelta entre chumberas y eucaliptos, te decía con torcido de bocas “….EL VERANO VENDRA CALIENTE”, yo entre incredulidades le pedía una explicación que verificara lo expuesto y él, con su adquirido conocimiento ancestral, me contaba,  bueno… me enseñaba algún nido de tabarros, que escondidos de la solana seguían fabricando su guarida, y a esto añadía la explicación de que “tabarrera ensombrá… este verano jervirá”. Y ahí se quedaba la cosa, mas lo curioso es que el tío se salía con ella, por mucho coraje que a mí me diera.

 

Hoy, echando la vista atrás y la colilla al suelo, recuerdo con añoranza aquellas explicaciones de mi tío del tiempo particular y aunque hoy podamos preguntarle al móvil, consultar el ordenador o poner mil y un canales, la verdad es que esa magia que destilaba la capacidad de oler, mirar o que unos tabarros te transmitieran los calores, las aguas o los fríos me gustaba más.

 

Atentamente;

El niño Gilena