17 febrero 2021

EL MOLLATOSO

 

Estimado Pueblo:

 

Espero que al recibir la presente te encuentres bien. Yo bien, a Dios gracias.

 

Este fin de semana cuando me levanté, a las claritas del día, con la intención de coger una buena mano de espárragos con la que deleitar a mi querida señora, tuve a bien pararme a desayunar en el bar el Moral, enclavado en un antiguo descansadero y abrevadero de bestias, en los pagos de la verea de La Puebla y que hoy sigue dando cobijo y líquidos elementos a otras bestias de andares a dos patas.

Pues eso, que mientras daba cuenta de mi medio bollo con aceite y ajo, observaba cómo lo más granao de la concurrencia exprimía copillas de aguardiente en todas sus variedades, mezclados de sol y sombra, y algún valiente de los de antes se despeñaba al coleto copazos de 103.

Andaba en estos mirares cuando empecé a recordar a aquellos amantes del mollate que, en mi juventud veía pasar por delante de mi casa puerta, con paso trastabillante, cantando por lo bajini y sonrisa de medio lao, que ya se encargaría de cambiársela la parienta.

Y es que mi casa estaba a medio camino de dos catedrales de “mollatosos”. como eran la taberna el “Tropezón”, y el bar “Er borrico”. Y, para los que no querían pasar sed en tan larga caminata, hacía de punto central el despacho “La verdad”, con su afamado anís del Coral, provocando el trasiego de paisanos alegres, cruzando la calle de costero a costero, apoyándose en los cierros, meados hasta el pernil algunos, y dormidos en el sardiné otros, haciendo las delicias de la chiquillada de la calle.

Pero no te creas que esto sólo ocurría en esta calle tan singular, no, por toda la vecindad florecían este tipo de abrevaderos en aquellos tiempos, en los que las charlas eran cara a cara, entre chatos de manzanilla, cortaos de Vallejo y tintos de dudosa procedencia. Así, nos encontrábamos, para que los parroquianos pudiesen andar de un sitio a otro y no pasasen necesidad, Retamares en La Carrera, la bodega los González en el Pozo Nuevo, “pelo mono” en La Calzadilla, Casa Pepe en “Sarmigué”, “Currito” en El Barrio, “El Stop” en La Alameda, “La Goleta” por Correos y montones de lugares más que hacían para el “mollatoso” un pueblo donde la alegría se bebía al son de un toque por bulerías y un cante al compás de golpes en un mostrador de madera, mientras el mollate iba tiznando de rojo las venillas de la nariz.

 

Atentamente,

 

El niño gilena.

 

 

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