07 julio 2010

DECIAMOS AYER...


Deciamos ayer...

Así comenzaba, una de sus clases, Fray Luís de León, tras un cautiverio de cinco años y haber tenido abandonada la docencia, en Salamanca, durante todo ese tiempo.

Yo, ni he estado en cautiverio, ni he dejado de ecribir durante tanto tiempo, pero me apetecía volver, a nuestro encuentro virtual con esta frase.

Como de sobra sabe el que me conoce, una obligación mayor me ha tenido de arto entretenido los últimos meses, sin tiempo a sentarme con tranquilidad en nuestra esquina.

Pero ahora vengo, con ganas sobradas a llenar espacios en blanco con nuestras historias. Sin embargo hoy no vengo con recuerdos y añoranzas, pues traigo una historia de presente y futuro.

De presente, porque aquello que me ha tenido entretenido es, ni más ni menos que mi hija, que como flor de primavera, llegó a este mundo el 11 de junio, para alegría de todos y pasión de su padre. También es historia de futuro, pues en ella tengo puesto mis mejores sueños y esperanzas.


Hace ya demasiado tiempo que salí de mi añorada tierra, buscando la fortuna o simplemete la vida que de mi pueblo no supe obtener. Ahora, encontré esa fortuna, por un lado de la mano de la mujer con la que me casé y que ha conseguido aguantarme todo este tiempo, a pesar de mis rarezas y mis días insoportables. Por otro lado mi pequeña flor, Daia, que ha alegrado mi vida como nada antes lo había hecho.


Daia, es nombe de origen bereber que significa "manantial". Y así ha sido ella, como un fresco y rico manantial que reconforta y calma mi sed, creando un hermoso oasis en la arided de la vida.
Doy gracias, por haber encontrado en mi polvoriento camino, esta fuente fresca y clara y a la mujer que hizo posible tal milagro.


Y así me despido por hoy, con un hasta luego, pues vuelvo a recorrer los callejones del recuerdo, para llenar esta pared con mis historias y vivencias, compartidos con los de mi buen amigo, "el Niño Gilena".

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