07 abril 2010

De mi pequeño homenaje.


La cena está lista, en casa siempre cenamos un poco tarde, aunque yo sigo de aquí para allá, aún jugando con mis madelman o descarrilando mi tren de juguete. Varias veces me han llamado para sentarme a la mesa, pero haciéndome el remolón, continúo sin hacer caso. Mi madre está en la cocina y quizás todavía puedo aguantar un poco sin acudir. Mi padre sentado ya a la mesa, ve la televisión. De repente, como accionado por extraño resorte, voy corriendo a sentarme a la mesa. Es como si algo en mi interior, más poderoso que cualquier otra cosa, me hace dejarlo todo. Es una sintonia que sale del televisor y que llega a mis oídos, llamándome cual flauta de Hamelin. Ya está, está empezando, la música de timbales me hipnotiza, como un son primitivo y salvaje. Es la hora de “El Hombre y la Tierra”.
En mi casa, como en la mayoría de hogares, nos situábamos frente al televisor, de forma casi ritual, como si nos colocáramos junto a una hoguera, para oír y ver al gran contador de historias.
Efectivamente, allí estaba el gran e inigualable Félix Rodríguez de la Fuente, qué no sólo nos hablaba sobre nuestra riqueza faunística, sino que nos contaba las historias de los animales, de nuestros campos, montes y ríos. Siempre he pensado, que además de los que decía, era como lo decía, despertando en todos un sentimiento ancestral que nos reunía en la noche, como miembros de una tribu.
Al igual que en muchos, Félix despertó en mí el amor por el campo, la naturaleza y sus habitantes. A sentirme rico, por la gran variedad natural de mi tierra e incluso quisimos al lobo, qué ya no era aquel enemigo terrible, sino otro más de nuestros montes.
Ahora, tras treinta años, recuerdo con una sonrisa dibujada en mi cara, aquellas escapadas a los campos próximos a Morón, con mis viejos prismáticos, para intentar ver pájaros o cualquier otro animal que se cruzara en mi camino. También mis excursiones al Peñón de Zaframaragón, a ver buitres y saltar de peña en peña, emulando al gran aventurero de la naturaleza.
Sí, ya hace treinta años que Félix Rodríguez de la Fuente nos dejó y con su partida, todos perdimos un poco de la niñez, aunque sigo sintiendo un escalofrío interno, salvaje y ancestral, cada vez que oigo la sintonía de “El Hombre y la Tierra”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario